El GG de San Luis, John Mozeliak, junto al manager Mike Matheny.

En los últimos dos inviernos, los Cardenales de San Luis perdieron al dominicano Albert Pujols, a quien en aquel entonces se le consideraba el mejor jugador en el béisbol, y al abridor de lujo Kyle Lohse.

Dichas partidas han sido tan "devastadoras" para los Cardenales que actualmente tienen el mejor récord de Grandes Ligas.

Por otro lado, tres equipos que le dieron contratos jugosos a peloteros de alto perfil - los Angelinos, Dodgers y Azulejos - se encuentran en el sótano de sus respectivas divisiones. Los Angelinos están a 10.5 juegos del primer lugar en el Oeste de la Liga Americana.

Vale recordar que muchos de nosotros los críticos aplaudimos a dichos clubes por la manera agresiva en que remodelaron sus rosters. Y en algunos casos, además de los halagos, se les proyectó como campeones de la Serie Mundial.

No se debe ir tan rápido ni tan lejos. Es cierto que a la temporada le falta mucho. Pero ha surgido una nueva moraleja para construir equipos en el siglo 21.

La clave es cultivar talento propio. Es mucho más económico que la alternativa. Se puede hacer sin importar la magnitud del mercado. Es cuestión de inteligencia, perspicacia y diligencia, no de la profundidad de la cuenta bancaria.

Se trata de una mejor opción que darle un contrato de 10 años a un pelotero de 32 años de edad y esperar que éste pueda desafiar el desgaste normal del ser humano para producir de tal manera que justifique su salario.

Pujols era el rostro de la franquicia, ¿acaso no? Los Cardenales nunca serían el mismo equipo sin él. Y en efecto, son un club muy diferente ahora, pero eso no significa que hayan decaído.

Se suponía que a los Cardenales había que darles el pésame tras la partida del quisqueyano a los Angelinos. Pero lo que el club de San Luis ha recibido son felicitaciones de figuras del mundo beisbolero que entienden que el equipo ha utilizado sus recursos con sabiduría en lugar de poner en peligro su futuro por darle un contrato enorme a un solo jugador.

Cuatro abridores y un cerrador de San Luis se encuentran en la lista de incapacitados. Pero no ha importado, ya que el club cuenta con la clase de profundidad en el pitcheo con la que la mayoría de las franquicias sólo puede soñar.

Un lanzador de San Luis queda fuera de acción. Otro llega de ligas menores tirando strikes a 98 millas por hora. Los Cardenales vuelven a perder a un pitcher. Sube otro cuya máxima velocidad es de 91 millas por hora. Pero eso no es problema, porque está provocando doble matanzas.

Los Cardenales, por ejemplo, adquirieron a Trevor Rosenthal en la 21era ronda del draft amateur del 2009. El diestro alcanza velocidades de 100 millas por ahora, pero también tiene una curva devastadora más lenta. La noche del domingo, en el octavo inning, Rosenthal ponchó a los tres bateadores en fila en Cincinnati con 11 lanzamientos. El lineup de los Rojos es bastante fuerte, pero Rosenthal estuvo intransitable. Y aún sigue progresando.

Una excelente labor de los escuchas. Un gran desarrollo de jugadores. Esos dos elementos están dando mejores resultados que las grandes inversiones en agentes libres.

La agencia libre ha cambiado mucho. Con más prosperidad en el béisbol, los equipos de mercados pequeños y medianos pueden retener a algunas de sus estrellas.

Hay menos jugadores de renombre en el mercado de agentes libres ahora que hace 10 ó 15 años. Y las superestrellas que llegan al mercado inevitablemente son sumamente caros y hasta sobrevaluados.

En el caso de las dos piezas de peso que perdieron mediante la agencia libre, los Cardenales se negaron a pagar sumas exorbitantes. Ahora tienen una ventaja. Este es el camino a seguir para aquellos equipos con recursos económicos limitados. Y quizás hasta aquellas franquicias ricas quieran seguirles los pasos.

Los equipos que abrieron la chequera para firmar a los jugadores más codiciados lo hicieron con el motivo de siempre: ganar. No estaban mal informados. No fueron tontos. Muchos otros clubes hubiesen hecho lo mismo si hubieran tenido los recursos económicos necesarios.

Pero los Cardenales han hallado una mejor estrategia. Y no se trata simplemente de ser conservadores con el dinero. San Luis ha invertido bastante, por ejemplo, para retener al receptor boricua Yadier Molina, quien quizás sea el jugador más valioso en todo el béisbol.

Pero en un mercado de pitcheo inflado, cultivar talento dentro de la organización ofrece un camino estructurado, seguro, sensato y al final, exitoso, hacia la cima. Es preferible acaparar titulares durante la temporada regular que en el invierno.