Coco Crisp.

OAKLAND - Usted espera que su primer bate se embase, ponga nerviosos a los lanzadores rivales, prepare el camino para la ofensiva, robe almohadillas por racimos.

Coco Crisp, que recibió tres bases por bolas en el primer juego de la actual Serie Divisional frente a los Tigres de Detroit, hace todo eso, pero no se conforma. Le ha dado por pegar jonrones con frecuencia y eso incrementa el nivel de la pesadilla que este veterano de los Atléticos de Oakland infunde entre sus contrarios.

"Para mí es algo impactante, de hecho a mí también me impacta", reconoció el veloz jardinero central de los Atléticos, refiriéndose a su capacidad para pegar más jonrones que de costumbre.

Crisp, un ambidextro, no es un típico jonronero, pero este año logró su tope personal en batazos de cuatro esquinas (22), progreso extraordinario para un jugador que dentro de un mes va a cumplir 34 años de edad. De paso, al robar 21 bases se convirtió en el décimo pelotero en la historia de los Atléticos que pega 20 vuelacercas y estafa 20 almohadillas en una misma temporada.

El dirigente de los Atléticos, Bob Melvin, tiene una teoría bien particular del brote de poder de Crisp, apenas superado por Rickey Henderson (28 en 1990) y Eddie Joost (23 en 1949) entre los Atléticos con más cuadrangulares en una temporada como primero en el orden.

"Ha aprendido a conocer mejor su swing, sabe por dónde darle más fuerte para sacar la pelota de este parque", es el punto de vista de Melvin.

Sin embargo, el propio Crisp considera que no es cuestión de técnica de bateo.

"Me conozco desde hace tiempo, es simplemente uno de esos años, uno que ha sido diferente para todos nosotros", respondió con modestia Crisp a una pregunta de lasmayores.

Tenga quien tenga la razón sobre la razón de tanto poder de Crisp, cuyas mejores temporadas previas con más cuadrangulares datan de 2004 (15) y 2006 (16) con los Indios de Cleveland, una cosa es clara y contundente: los Atléticos no serían campeones del Oeste por segunda campaña seguida de no ser por este nativo de Los Angeles.

"Creo que aquí todos nos nutrimos de Coco", analizó Melvin. "No es solamente por su experiencia, sino por lo bueno que es. Implanta el tono y ustedes han visto que ha llevado la dimensión de su juego a otro nivel en cuanto a su poder se refiere.

"Todavía tiene la habilidad para robar bases", advirtió Melvin del guardabosque que suma 278 estafas a lo largo de su trayectoria en el Béisbol de Lujo. "Tiene el perfecto sentido de cuándo debe o no correr y como hemos estado bateando mejor a él le ha dado por hacerlo menos para no incurrir en un out en las almohadillas. En los Play-Offs vemos mejor pitcheo y su velocidad se puede convertir en un factor enorme en esta serie".

El hecho de que Melvin y los demás Atléticos elogian a Crisp por su aporte no pasa inadvertido para Crisp, cuya temporada del 2013 fue su cuarta con la novena de Oakland. "Estoy contento de ser una de esas personas que pueden marcar una diferencia", expresó Crisp, cuyo punto débil es la tendencia a sufrir percances físicos. "A nadie le alegra estar lesionado, pero eso es parte de este juego".

¿Nervioso? Uno piensa que esa característica no debería ser propia de un veterano, pero hasta a éso ha aprendido Crisp a sacarle provecho.

"Esa energía [los nervios] también puede ser buena", enfatizó Crisp, cuyo contrato vence a fines del 2013 aunque los Atléticos tienen una opción con miras a la venidera temporada.

Sobre el hecho de que los Atléticos encaran un tremendo pitcheo en una rotación de los Tigres encabezada por lanzadores de la talla de Max Scherzer -ganador del primer partido de la presente Serie Divisional-, Justin Verlander y el venezolano Aníbal Sánchez, campeón de la efectividad de la Liga Americana en 2013, Crisp apenas puede esperar por el momento de entrar a la caja de bateadores.

"Me encanta enfrentarme a tipos que son muy buenos y de paso que sean excelentes competidores", subrayó Crisp frente a su vestidor en el Coliseo de Oakland.

Curiosamente, Crisp reconoce que hoy en día hay muchos elementos estadísticos que complementan toda la información que necesita un bateador, pero trata de dejar esos números en el banco cuando se aproxima a consumir un turno.

"Uno no puede llegar al plato con porcentajes, solamente necesita concentrarse y mantenerse dentro de sí mismo", es la filosofía de bateo de Crisp.

Tampoco tiene una memoria muy larga en cuanto a experiencias recientes. Por ejemplo, de aquella serie en la que los Atléticos estuvieron a punto de barrer a los Tigres en cuatro partidos a fines de agosto en la Ciudad Automotriz, apenas le vienen a la mente un par de cosas.

"Recuerdo el jonrón de Torii Hunter [para dejar en el terreno a los Atléticos] y, oooh, recuerdo que saqué a Miguel Cabrera con un disparo [su brazo no es su principal virtud] a la segunda base, pero para entonces no estaba corriendo muy bien".

Por todo lo que puede hacer Crisp a la ofensiva, un observador pudiera perder de vista un factor enorme de su juego, como lo es su capacidad para patrullar el jardín central.

Pareciera que le llega a toda pelota que no ha caído, aunque eso signifique darse unos cuantos encontronazos con la pared o zambullidas en la grama exterior, bien sea hacia los lados o hacia adelante, como si se tratase de una piscina.

Sobre todas las cosas, disfruta del juego como un fanático más cuando concurrencias de más de 48,000 espectadores se hacen presente en el Coliseo de Oakland al abrirse para la Serie Divisional el sector superior de las tribunas, usualmente cubierto por lonas en la temporada regular.

"Es un parque que tiene su propia personalidad, nos encanta jugar aquí frente a nuestros emocionados espectadores", dijo Crisp. "He jugado en muchos otros estadios [incluyendo el Fenway Park de Boston] donde la fanaticada puede ser un factor con su entusiasmo, pero ninguno donde haya tanto alboroto en las tribunas como el Coliseo".