Robinson Canó. (AP)

Quizás el aspecto más interesante en la competencia por los servicios del dominicano Robinson Canó en el mercado de agentes libres ahora mismo no sea tanto con qué equipo firmará, sino cuántos gerentes generales y dueños de clubes podrán sentarse a cenar con Jay-Z.

Marquen a Sandy Alderson y Jeff Wilpon de los Mets como los primeros- pero sin duda no los últimos- en reunirse para discutir sobre una posible contratación de Canó con el jerarca del hip-hop, quien desea expandir su marca y su nombre como empresario y, de ser posible, marcar la pauta para futuros negocios.

Eso, ciertamente, vale una buena cena.

Pero en cuanto a Canó se refiere, si 10 años y $310 millones es de hecho el "trato" que buscan sellar en el mercado, no esperen que los Mets, los Yankees ni francamente ningún otro club conviertan una elegante cena en un baile a largo plazo. Y los representantes de Canó deben tener mucho cuidado de no mantener por mucho tiempo esa cifra como el precio de venta. No vaya a ser que los Yankees - el único equipo que podría entrar en el territorio de los $25 millones por año con Canó - decidan buscar por otro lado.

Con Canó como su cliente, la agencia Roc Nation Sports de Jay-Z está haciendo su primera incursión en el mundo del béisbol, y existe la curiosidad de qué tanto éxito tendrá en la búsqueda de un contrato tan lucrativo.

También existe, por instinto, una tendencia que sugiere que Jay-Z, a pesar de ser un reconocido magnate en la industria de la música, tiene mucho que aprender de este deporte como negocio.

Y exigir un contrato por $310 millones suena un poco pasado de raya si consideramos todos los factores que están en contra de Canó.

El primero y más importante de todos, naturalmente, es que ningún pelotero le ha llegado a la cifra de los $300 millones. Existe muy poca razón para creer que Canó - aun en este mundo material en el que vivimos - será el primero.

Si repasamos la historia reciente, nos podemos dar cuenta de que los equipos no le huyen al tipo de contrato de una década (algo que en el pasado parecía imposible) como el que Alex Rodríguez recibió. Pero lo que sí hacen es mantener los valores anuales promedio relativamente bajo control, porque reconocen de inmediato que los últimos años de un contrato así tendrán un valor negativo.

Desde el dominicano Albert Pujols (10 años, $240 millones) pasando por Prince Fielder ($214 millones por nueve) hasta Joey Votto ($225 millones por 10), varios peloteros le han rehuido a la idea de pedir $30 millones por temporada a cambio de estabilidad a largo plazo. Ese es un negocio que vale la pena.

Canó, sin embargo, está pidiendo ambas cosas ahora mismo.

Y un segunda base de 31 años de edad - uno que nunca ha podido terminar más allá del tercer lugar en las votaciones para el JMV de la Liga Americana y quien mostró una baja de poder en su último año bajo contrato -- realmente no tiene ningún fundamento para atreverse a tantear ese terreno.

En lugar de tratar de convertirse en el pelotero con el contrato más jugoso de la historia, Canó debería sentirse satisfecho de aprovechar un mercado que bien pudiera estar maduro para él y convertirse en un pelotero de $200 millones. El quisqueyano es, como resultado de todas esas extensiones de contrato internas que se han venido firmando en temporadas recientes, el agente libre más codiciado disponible este invierno, y tiene de las orejas a un equipo de los Yankees que necesita su bate en la parte gruesa del lineup y cuenta con los recursos económicos para obtenerlo.

A pesar de ello, los Yankees podrían perder el interés si Canó insiste en sobrevalorar su carta.

Francamente, suena dudoso que cualquiera en el Bronx se haya tragado la noticia de que Canó se sentó a cenar con un gerente general rival quien ha dejado bien claro que no está dispuesto a otorgar contratos por $100 millones este invierno, mucho menos de $300 millones.

Nadie va a tocar esa cifra. Ni los Mets. Ni los Yankees. Ninguno de los otros equipos de mercado grande, sin importar qué tanto necesiten a un segunda base de categoría.

Los Dodgers, a menos de que le otorguen el puesto de intermedista al cubano Alexander Guerrero, tienen un hueco en esa posición, pero también tienen pendiente la negociación para una lucrativa extensión con su as Clayton Kershaw. Los Rangers cuentan con un exceso de infielders en el medio del cuadro, los Angelinos tienen que lidiar con dos mega contratos que ya tienen, los Cachorros no parecen tener planes de irse grandes este invierno, los Tigres ya tienen $100 millones invertidos en cinco jugadores para el 2014 y los Nacionales deberán considerar otorgar o no extensiones de contrato a íconos de la franquicia como lo son Bryce Harper y Stephen Strasburg.

Este mercado de agentes libres nos dará sorpresas, y los Marineros, después de haberse quedado con las manos vacías en su intento por firmar a Josh Hamilton en invierno pasado, podrían ser una de ellas. Sin duda otros más surgirán.

Pero ninguno de los clubes antes mencionados puede igualar a los Yankees en combinación de recursos y razones para comprometerse con Canó, motivo por el que la expectativa general de la industria es que los Bombarderos serán sus propios rivales en la puja por el segunda base dominicano.

Sin embargo, los Yankees no van a echar toda la carne al asador a la hora de presentarle una oferta a Canó.